El ecosistema de la Cuenca del Río Mayo

Selva baja caducifolia en época de lluvias. Zona guarijía, Álamos, Sonora. Fotografía de Nancy Andersen.

El ecosistema de la Cuenca del Mayo comprende bosques de pinos y encinos (pine oak forest) en su parte más serrana, donde convive con zonas exclusivas de coníferas (mixed conifer forest), y expresa a medida que pierde altitud la aparición del bosque de encinos, y, la selva baja caducifolia (tropical deciduous forest), que forma parte de la comunidad más septentrional del continente americano.[1] Este bosque está rodeado por el bosque de espinos (thornscrub forest) que caracteriza al delta del Río en la costa sonorense y da paso al ecosistema del desierto (Martin et al. 1998).

Cabe señalar que la selva baja caducifolia constituye la principal comunidad vegetal que se encuentra en el área del embalse de la presa, sin embargo, el impacto ambiental que tendrá la acumulación de agua por la presa tendrá consecuencias muy graves no solamente para esta comunidad, sino especialmente para las comunidades vegetales riparias que son atípicas y que abundan en los innumerables cañones, arroyos, cajones y barrancas que se encuentran en la zona inundable y su área de afectación, lo cual compromete especialmente al arroyo Guajaray y a sus tributarios, donde se encuentra uno de los nichos más particulares de la cuenca del Río. Cabe señalar que en este particular ecosistema los árboles alcanzan alturas mucho más elevadas que en otros nichos similares en el país, lo cual se ha atribuido incluso a las prácticas locales de manejo de los recursos (Felger y Johnson 1995). Su excepcionalidad como comunidad vegetal (el “bosque secreto” de Sonora) ha sido reconocida por numerosos investigadores (Krizman 1972, Bye 1984, Jenkins et al. 1995, Bowden, Dykinka y Martin 1993, Burns et al. 2000, Búrquez et al. 2006).

La importancia de la selva baja caducifolia es que constituye uno de los ecosistemas más importantes debido a que es una reserva importante de la biodiversidad, por  la variedad de especies que aquí habitan. Su pérdida provoca procesos de erosión del suelo y tiene además un efecto climático agregado que disminuye la captación de lluvias, como ya sucede en buena medida con la introducción del zacate buffel y otras gramíneas invasivas en esta región, donde se ha introducido la ganadería desde inicios del siglo XVIII.

Actualmente la selva baja caducifolia es uno de los ecosistemas más amenazados en el país, por los altos índices de deforestación (estimados en más del 2%), con una pérdida del 90 al 95% de especies vegetales (Cervantes et al.). Esto provoca la erosión del suelo y alteraciones del ciclo hidrológico que repercuten en el crecimiento de las plantas y conducen a un deterioro paulatino de los recursos naturales. Si bien las áreas donde aflora la selva baja son esencialmente cálidas y subhúmedas (70% de ellas), se sabe que las condiciones de temperatura y humedad son las variables que definen la presencia o ausencia de una especie en un sitio determinado.[2]

‘La Junta’ en temporada seca. Confluencia del Río Mayo y del Arroyo Guajaray. Fotografía de Nancy Andersen

Al noreste de la región se localiza un bosque de encinos que se encuentra en las faldas de la sierra y en cerriles y  sabanas. Se caracteriza por la abundancia de encinos deciduos del género quercus y pastos amacollados, a los que suelen agregarse táscates o enebros  (Juniperus sp.) y otras especies. La riqueza en variedades vegetales, e incluso el endemismo de algunas especies, ha sido objeto de algunos trabajos realizados en otras comunidades gemelas que se encuentran distribuidas entre Sonora y Arizona, a las que se conoce con el nombre genérico de sky islands (Felger).[3] Luego, en las partes mas elevadas de esta cuenca se encuentran especies típicas del vecino bosque de pinos (Pinus duranguensis, leiophylla, oocarpa), táscate (Cupressus lusitanica) y también agaves como la lechugilla (Agave bovicornuta), con la que se prepara regionalmente un mezcal del mismo nombre. Debido a la peculiar configuración climática y topográfica de la región hay zonas del bosque de encinos donde se encuentran islas de selva baja caducifolia y en algunos cañones ambas vegetaciones tiendan a combinarse.

La combinación de factores biológicos y físicos presente en la región crean una serie de condiciones que permiten el desarrollo de una vida animal que tiene su origen en especies provenientes de los climas neoárticos del norte y de elementos neotropicales que han llegado desde el sur. Aunque no existen reportes faunísticos completos para la región es posible documentar la existencia de especies tan variadas como ardillas (Citellus sp.), armadillos (Dasypus novemcinctus Mexicanus), cacomixtles (Bassariscus astutus) conejos (Sylviagus sp.), coyotes (Canis latrans), coatís o “cholugos” (Nasua nasua), jabalíes (Tayassu Tajacu), leones (Felis concolor), liebres (Lepus alleni),  (occidentalis sonorensis), mapaches (Procyon lotor), tigrillos (Felis pardalis), tlacuaches (Didelphis virginiana), venados cola blanca (Odocoileus virginianus), zorras (Urocynon cinereo argentus) y zorrillos (Mephitis mephitis), entre la fauna mamífera.

Entre las aves se cuenta con aguilillas, auras, cardenales, calandrias, pájaros carpinteros (Compephilus guatemalensis), cuervos (Corvus copax), chachalacas (Ortalis poliocephala), chureas (Geococcyx Californianus), garzas,  gavilanes (Buteo jamaicensis), godornices (Lophortyx douglassi), guacamayas (Ara militaris), huilotas, y martin pescador (Chloroceryle americana). También paloma ala blanca, zopiloteperico (Amazona albitrans, urraca (Calocitta formosa) y tecolote (Ciccaba virgata). Los reptiles incluyen a la iguana (Ctenosaura hemilopha), víbora negra (Drymarchon corais), víbora de cascabel (Crotalus atrox), escorpión (Heloderma suspectum) y el venenoso coralillo (Micrurus distans), entre muchos otros que componen la herpetofauna de la región.

La fauna de las aguas merece una mención aparte. Debido tanto a prácticas de pesca fatales para las especies fluviales, como los truenos utilizados principalmente por la población mestiza durante las décadas pasadas, pero también como efecto de la construcción de la presa Adolfo Ruíz Cortínez (Mocúzarit), la diversidad y tamaño de las especies acuáticas se ha modificado sensiblemente, con la desaparición de algunos tipos de peces y la casi extinción de otras especies, como el cauqui (camarón de río). Anteriormente predominaban los bagres de río, las lobinas y el sópori. Desde la introducción de la carpa, que es una especie bastante agresiva para las demás, la calidad de la pesca y su abundancia y variedad se han perdido ostensiblemente. En la actualidad las especies vigentes son charalitos de Sonora (Poeciliopsi occidentalis sonoriensis), carpa (Cyprinus carpio), mojarra sinaloense (Cichlasoma beani) y otras especies menores. A pesar de su escasez, son fuente importante de consumo alimentario para los guarijíos.

Es importante mencionar los problemas que enfrentan la cuenca del Río Mayo y sus ecosistemas debido a las actividades humanas, especialmente ganaderas, agrícolas y extractivas forestales (Trejo y Dirso 2000). Hasta ahora las comunidades vegetales del río han sobrevivido, aunque no las piscícolas del Río, pero sí otras especies animales que aunque han disminuido mantienen presencia en los distintos reductos que componen la cuenca más allá de la región hidrológica definida con fines administrativos. En particular son importantes los trabajos que mencionan la deforestación de comunidades vegetales y la erosión del territorio, como también la contaminación del afluente, especialmente en lo que corresponde al Distrito de Riego 038 y a la desembocadura del Río en el Pacífico, entre Yaváros y Huatabampo, donde se han encontrado residuos y desechos importantes de agroquímicos (Servin 1996, Sánchez et al. 2004, WWF 2005). La tecnificación del Valle ha implicado la deforestación del ecosistema costero, aun a pesar de lo cual subsiste la vegetación característica del Río Mayo aun por debajo de la presa del Mocúzarit, debido a que recibe otros afluentes antes de llegar al mar.

La economía de la naturaleza


[1]Esta misma comunidad es la que caracteriza a la Bioreserva Federal de la Sierra de Álamos, que consiste en un área 93.000 hectáreas de bosque tropical caducifolio, protegida dentro de la red de reservas de la biosfera de la UNESCO. No forma parte de la Cuenca del Río Mayo, a pesar de su proximidad, pues el arroyo Cuchujaqui como también el Güirocoba y el del Cobre pertenecen a la Cuenca del Río Fuerte.

[2]Este ecosistema se caracteriza por su marcada estacionalidad que le da un aspecto muy distinto en época de lluvias y en época seca. La época de lluvias dura más o menos 3 ó 4 meses; durante este tiempo los árboles permanecen cubiertos de hojas y es la época de reproducción de muchas especies de plantas y animales. En contraste, la época seca dura hasta ocho meses, y durante ella, entre el 25 y el 90% de los árboles pierden sus hojas y muchos florecen, producen frutos y semillas. La vegetación que crece en las selvas bajas es muy densa y sus árboles tienen alturas de máximo 15 metros. En las zonas más secas es común la presencia de cactáceas columnares y candelabriformes. Algunas especies y géneros representativos son Bursera spp, Haematoxylon brasiletto, Lysiloma spp, Ipomea spp, Cercidium spp “palo verde”, Ceiba spp, Beaucarnea spp, Yucca spp.árboles hidromórficos del género Ficus, algunas lianas (Arrabidaea littoralis y Marsdenia edulis y Gouania mexicana) y por la forma escandente de Pisonia capitata. Las plantas epífitas son representadas por orquídeas, como Oncidium cebolleta y bromelias (Tillandsia inflata y Hechtia sp). Se pueden mencionar a algunas otras plantas con distribución tropical notorias tal y como Guazuma ulmifolia, Solanum verbascifolium, Cestrum lanatum, Drypetes laterifolia, Bursera grandiflora, Coutarea latiflora, Stemmadenia palmeri, Cassia emarginata, Cassia occidentalis, Trichilia hirta, Sassafridium macrophyllum, Vitex mollis, Urera caracasana y muchas otras. La altura del bosque es altamente variable, con árboles bajos (Bursera confusa, Coutarea pterosperma y Haematoxylum brasiletto) que raramente exceden los 8 m de altura, al mismo tiempo que alberga especies altas como son Conzattia sericea, Cochlosperum vitifolium, Ceiba acuminata, Bursera inopinnata y Lysiloma watsonii que crecen a alturas que van de 12 a 18 m de altura.

[3]En las partes mas altas se encuentran el encino blanco (Quercus arizonica), la bellota (Quercus emoryi) y otras variedades (Q. epileuca, Q. perpallida, Q. subspathulata y Q. toumeyi). Entre los pastos destacan los amacollados duros, que crecen junto a los encinos (Muhlenbergia gracilis, Muhlenbergia emersleyi, Andropogon cirrhatus y Heteropogon Cantortus). Otras especies vegetales son alamillo (Dodonea viscosa), algarrobo (Acacia pennatula), capulín (Prunus virens), chilicote (Erythrina labelliformes), pino piñonero (Pinus cembroides), manzanitas (Arctostaphylos sp.), sidra (Rhustrilobata), tarachiqui (Dodonea viscosa),  toji (Vernonia triflosculosa) y también tunas (Opuntia cf. durangensis) y ciertas especies de palma.

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