Cosmogonía Guarijía

Músicos guarijío. Fotografía de Nancy Andersen

Según la cosmogonía de los guarijíos, el cumplimiento de las leyes naturales, que a la vez son divinas, tiene como recompensa llegar al cielo cuando se muere. La transgresión tiene como castigo el infierno. Sin embargo, este sentido no es asumido en forma individual sino que se tramita colectivamente: una persona que en vida no cumplió con las reglas tiene oportunidad de ser perdonada después de su muerte. Para ayudarla en esto, los familiares y amigos tienen que hacer cinco velaciones. Al momento de morir, el alma se le saldrá por la boca con el último aliento y andará vagando por la casa. Esa noche se le hace la primera velación. En los siguientes ocho días, si no cumplió con sus deberes, si se portó mal, andará “haciendo daño” a las personas, asustando a los niños y jóvenes con “apariciones”. Al octavo día se hace la segunda velación.

Durante tres años su alma andará vagando por los lugares que recorrió en vida, mientras los familiares y amigos tienen que hacer otras tres velaciones en ayuda del difunto: en el primero, segundo y tercer aniversario de la muerte. Después de esto, su alma estará lista para partir. Si el alma no encuentra el perdón, ésta andará vagando por siempre en forma de ánima o fantasma[1].

Las fiestas poseen una centralidad en la cultura de los guarijíos, son la expresión fundamental de su concepción religiosa. En ellas concretizan el culto a lo sagrado, a lo divino. Se hacen porque Dios así lo quiso, y se conservan como una forma de respeto y agradecimiento a él. Existe la creencia de que si dejan de celebrarlas todo el mundo  desaparecerá y lo llevan en el nombre: Makurawe, que significa “los que amacizan o pisan la tierra” o también “los que agarraron las piedras”, aunado esto a la práctica religiosa del tuburi en el que las mujeres en filas tomadas de las manos se afanan una o dos noches enteras para afianzar la tierra, ya que según su cosmología “…en un principio la tierra estaba blandita. Por eso tuvieron que hacer la tuburada, baile en el que solo participan las mujeres; con los pasos del baile se fue amacizando la tierra, la madre tierra se puso contenta y empezó a salir el monte, luego los animales”[2].

Saliendo de la cavapizca. Fotografía de Alejandro Aguilar Zeleny

Existen varios tipos de fiesta: la tuburada, que puede ser familiar o colectiva y la cavapizca, que siempre se organiza grupalmente[3]. El primer tipo, la tuburada, que es la fiesta mas antigua y alrededor de la cual gira la vida de los Makurawe, tiene numerosos elementos comúnes con el yumari de los rarámuri-tarahumaras[4]. La cavapizca a su vez, tiene muchos préstamos de los mayos, como el baile del pascola y los ritos propiciatorios y que se realiza en ocasiones mas específicas[5].

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[1]. “Cuando se muere uno, cuando llega la vejez, no necesitamos caja, ahí nomás se enreda en un petate y así lo enterramos. Pero antes de enterrarlo se les vela, les hacemos velorio de fiesta, velación con pascola y todo, porque así estamos impuestos; hacemos fiesta porque anda penando el espíritu si no hacemos velación, se prenden velas para que regrese y suba al cielo, para eso es, así se hace hasta los tres años, después de tres fiestas ya se levanta, ya no anda por aquí. En esos tres años por aquí anda penando, por donde anduvo caminando cuando vivía, y hasta que ya completa por donde anduvo se va. Yo conozco muchas tierras, el día que me muera voy a tener que andar por muchas partes”. Entrevista a José Ruelas Ciriaco realizada por Leticia Acosta, 1992 Op. cit.

[2]. Entrevista a Nicolás Valenzuela Suja realizada por Rigoberto López, diciembre de 1992. Proyecto SILOS-Guarijío. Componente Recursos Tradicionales para la Salud.

[3]. Según A. Ortiz Garay (Op. cit.) las fiestas de los guarijíos se clasifican en cinco tipos: 1) Las tuburadas relacionadas con el desarrollo del ciclo agrícola, 2) La cavapizca. La considera como una frontera temporal: por un lado cierra el ciclo agrícola al agradecer la cosecha, por otro lo abre al propiciar un nuevo ciclo a través del cumplimiento de los ritos, 3) El tercer tipo son las tuburadas realizadas para prevenir los daños que puedan causar los desastres naturales (como sequías, heladas, eclipses, etc.) o para pedir lluvia, 4) En el cuarto tipo clasifica a las velaciones para los muertos y 5) las fiestas que califica como “nuevas”, aquellas que no son tradicionales pero que contienen la mayor parte de los elementos de éstas, y que se realizan para celebrar algún acontecimiento trascendental para al comunidad como las campañas del registro civil, la llegada de alguna persona importante, etc. Esta clasificación no solo deja de lado otro “tipo” de fiestas, como las tuburadas en pago de manda o las velaciones para que el alma suba al cielo y que son distintas de las anteriores, sino que introduce un criterio taxonómico de acuerdo a un “para qué” específico que tal vez no exista en el caso de las fiestas guarijías. Precisamente, lo que es fundamental para entender el papel que desempeñan las fiestas de los guarijíos es su polifuncionalidad y complementaridad.

[4] . Ver William L. Merrill: Raramuris souls. Knowledge and social process in Northern México Smithsonian Institution Press Wasinhton, 1988.

[5].  El hecho de que la tuburada también sea practicada por los vecinos guarojíos y los tarahumaras de Chihuahua es un indicio fuerte sobre los origenes del grupo. Una descripción de la forma en que el “dtuburi” se lleva a cabo entre éstos últimos se encuentra en W.C. Bennet y  R.M. Zingg: (1935) Los tarahumaras. Una tribu india del Norte de México INI. México, 1978. 

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