Elementos makurawes de curación y prevención: tuburi, pascola y cavapizca

Las huellas del rezandero. Fotografía de Alejandro Aguilar Zeleny

El curandero es un mediador, que siempre debe estar con Dios y María Santísima, porque todo mal lo quitan. La palabra dice  “Siempre anda en buen camino, en camino de Dios, él te cuidará, él te dará descanso, la enfermedad se la lleva el viento a otro pueblo. El sabe cuando se le va a trozar el hilo. Por eso el que se cura debe ser agradecido, debe regresar con el curandero llevando una veladora.

Las actividades de los curanderos están íntimamente asociadas a roles tradicionales que se desempeñan durante las fiestas y rituales, o que ocupen cargos importantes dentro de la estructura política. Encontramos así que varios de los curanderos tienen cargo de cantadores o rezanderos, fiesteros, pascolas y músicos. Existe el caso de un médico tradicional que es cantador, éste es básicamente el centro del aspecto espiritual de las fiestas, donde frente a una cruz, y mujeres que danzan entre ésta y él, pide y agradece -habla con Dios- el beneficio de las cosechas y, a petición de algun enfermo, por la salud de éste.  También hay terapeutas que tienen cargo de pascola y que además de danzar realizan oraciones ante las imágenes de Jesús, la Virgen María, San José, San Isidro Labrador -Santo Patrón de las Siembras- y el Arcángel San Miguel. En la fiesta, también divierte y recrea a los asistentes, acompañado de los músicos y otros pascolas y por la mañana al entregar la fiesta pide perdón a los asistentes por las posibles torpezas cometidas durante la(s) noche(s) de la fiesta.

A diferencia de la concepción médica profesional, tanto la salud como la enfermedad adquieren una acepción colectiva en el caso de los guarijíos. Por un lado porque el bienestar material es gestionado en forma grupal, especialmente desde la conformación de los ejidos; y porque en el caso del bienestar espiritual existen toda una serie de ritos de grupo que tienden a armonizar las relaciones entre los individuos y el mundo divino. Estos ritos adquieren la forma de una medicina preventiva en la fiesta de la cavapizca (para que vengan bien las cosechas y haya lluvias) como de una terapéutica, como sucede en la llamada fiesta del tuburi o “tuburada”, donde suelen pagarse las promesas.

Santa Cruz del Tuburi

El tuburi comienza al anochecer clavando en dirección oriente una cruz de madera la cual se envuelve en un paño blanco y se circunda con un par de rosarios. Atrás de la Santa Cruz se clava una barra de acero que significa el compromiso de concluir al amanecer entregando la fiesta. Enfrente se coloca un cáliz donde arde copal y tres bules que simbolizan la trinidad de los seres y las cosas. El maynate o cantador se sienta en una banca rústica de chilicote desde donde toda la noche canta acompañado de uno de los bules a modo de sonaja y fuma incesantemente gruesos cigarros de macuche envueltos en hojas de maíz. La danza es ejecutada exclusivamente por las mujeres quienes se colocan en filas frente al maynate para ejecutar el baile que consiste en un vaivén consistente y sistemático con el que talonean asentando la tierra. Al amanecer se entrega la fiesta en una ceremonia que incluye sahumerios y oraciones y que concluye con la retirada de la Santa Cruz.

Amanecer del tuguri. Fotografía de Alejandro Aguilar

La tuburada se realiza por diversos motivos. Puede tratarse de la velación de un difunto o de una petición especial por la salud de un enfermo, para agradecer su cura, o simplemente para “sentirse mejor” o preservar la salud; también para pedir lluvias y bienestar para todo el grupo. Pero mas que nada es obligación realizar tuburadas a fin de mantener el pacto con lo sagrado. En palabras de José Ruelas:

“Cuando Dios estuvo aquí, una de las veces, primero había mucha agua en este mundo, casi no había donde vivir; entonces para que se secara el mundo Dios hizo esa promesa. La primera noche bailó toda la noche, mandaron a un correo (animal) para que fuera a vigilar el mundo, a ver cómo estaba, y se fue y le dio la vuelta a todo el mundo en un ratito. Para el medio día volvió y ya le preguntó Dios que si cómo estaba por allá por donde anduvo y dijo el animal: -“ya está todo húmedo, ya está caminando todo”, y dijo Dios: -“está bueno, hay que seguir cantando y bailando todo el día y toda la noche, hasta en la mañana terminamos”. Dios dijo que no dejáramos esa fiesta hasta que se vaya a acabar el mundo, por eso la fiesta tuburada es por promesa, para que amacize la tierra, para que dure muchos años.”[1].

La cavapizca es la fiesta que reúne a la mayor parte de la gente, hasta los y las que viven en comunidades más alejadas. Se realiza regularmente en condiciones ideales una vez al año en las cuatro comunidades mas importantes: Los Bajíos, Mesa Colorada, Guajaray y Bavícora, generalmente entre enero y mayo. Su organización está a cargo de un comité formado por tres fiesteros o alawasin, uno de ellos llamado el fiestero mayor, que es el que coordina las actividades principales como comprar la comida, buscar a los músicos y danzantes de pascola y al maynate del tuburi. Los otros dos serán sus ayudantes encargados de proveer de leña, de buscar a las mujeres que prepararán la comida, de mantener vivas la fogatas que se ponen en diferentes puntos del espacio donde se realiza la fiesta, y de los pendientes que se vayan presentando[2].

En la cavapizca se conjugan, con mucha mayor intensidad que en las tuburadas, elementos religiosos con acciones sociales y culturales que hacen que los sentimientos de identidad se refuercen. Ritos, cantos, música, danza y por supuesto comida y bebida; todo compartido y disfrutado durante dos días y tres noches en que fluyen la solidaridad, la alegría y la convivencia, para rendirle tributo al gran Dios que rige sus vidas, darle gracias por los bienes recibidos y rogarle para que les siga dando su protección. Así lo dicen los cantos del tuburi, que se realizan también durante la cavapizca, así lo canta el maynate  mientras las mujeres marcan sobre la tierra los pasos de la danza que sólo ellas deben bailar “para que la tierra se aplane, para que se ponga firme y dure más y así durar más nosotros también; así lo dijo Dios y así debemos hacerlo hasta que ya no quede ningún guarijío”[3].

La tuburada se realiza al aire libre, a corta distancia de la enramada tradicional donde se baila el pascola, entre la cruz, que representa la presencia de Dios en la fiesta, y cantador. Antes de empezar a bailar hay que rezar o “platicar” con el Señor, saludar y bendecir simbólicamente a todos los asistentes  con sahumerio. Después de esto ya puede empezar la fiesta con la danza de tuburi o con los pascolas debajo de la ramada, que es otro de los espacios rituales[4]. En la enramada se baila el pascola, costumbre que al parecer fue adoptada del grupo mayo[5]. La danza del pascola es ejecutada por dos músicos, un arpero y un violinista, y varios danzantes, vestidos especialmente para la ocasión y quienes ejecutan las percusiones con los tenabaris que enredan en sus pantorrillas y otros instrumentos que cargan consigo.

El pascola es la representación del mal, de lo incorrecto. El pascola puede hacer y decir lo que en otros espacios y en otros momentos no debe hacer. Durante el baile, los espectadores provocan al pascola diciéndole que no sabe bailar, que anda borracho, o que su mujer lo engaña (pascola “chivo”), con el fin de que éste le conteste la provocación con frases chuscas o en doble sentido, lo que es festejado con sonoras carcajadas por los asistentes. En la última noche de fiesta, ya en la madrugada, los pascolas hacen unas representaciones teatrales que ellos llaman juegos, donde tratan de imitar de manera cómica algunas situaciones de su vida diaria, o situaciones que tengan que ver con los yoris (mestizos o blancos). Este es uno de los momentos  que causan más expectación entre los asistentes de todos las edades, tanto hombres como mujeres, y aunque los juegos son siempre los mismos, son esperados con animosidad. Al final de la fiesta, los pascolas con mucho respeto piden disculpas a los fiesteros, a los músicos y a todos los asistentes, por todo lo que hablaron e hicieron[6]

Dice don José Ruelas que el pascola danza es para divertir a la gente durante toda la noche, para que no se duerma, pero que no es la más importante, que el tuburi es “la más primero”. Estas danzas, el pascola (para hombres) y el tuburi (para mujeres) son las únicas que se bailan en las fiestas guarijío.


[1]. Entrevista a José Ruelas Ciriaco realizada por Leticia Acosta: Op. cit.

[2]. Cada comité dura en el cargo tres años y hay uno para cada comunidad donde se celebra esta fiesta.

[3].  Entrevista a José Ruelas Ciriaco, Ibíd.

[4]. Otro de los espacios rituales en la cavapizca coresponde al altar, un tapanco cubierto con mantas blancas bordadas. Los fiesteros lo adornan con mazorcas de maíz secas enterradas alrededor y encima del tapanco colocan como una especie de casita hecha con  varejones y mantas, donde estarán los santos. Estos se encuentran depositados en una casa o cualquier otro lugar, y una vez terminado el altar, los fiesteros con los pascolas seguidos por toda la demás gente, marchan en procesión a buscarlos entre ruidos de cohetes y gritos de pascolas, para después colocarlos en el altar. La figura principal (en estampas puestas en cuadros) es de San Isidro Labrador, pero también hay de otros santos que la gente acostumbra tener en sus casa y los presta para adornar el altar.

[5]. Es interesante observar que los guarojíos de Chihuahua también celebran el pascola, aunque con guitarra en vez de arpa. También  matachines, danza que se ejecuta entre los tarahumaras.

[6] . Es interesante notar que la jocosidad de los pascolas es un elemento ampliamente difundido entre las culturas originarias del noroeste mexicano y sudoeste estadounidense. Ver al respecto el artículo de Elsie Clews Parsons y Ralph L Beals: “The sacred clowns of the Pueblo and Mayo-Yaqui indians” American Anthropologist 36 (4): 491-514.

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2 comentarios en “Elementos makurawes de curación y prevención: tuburi, pascola y cavapizca

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